viernes, 25 de noviembre de 2016

SANTA SOFÍA. COMENTARIO

La construcción de sta. Sofía (La Sta. Sabiduría) fue la tarea suprema que se propuso para sí mismo Justiniano.

La primitiva basílica terminada en 360 había ardido en 532, y Justiniano decidió  construir una con planta y dimensiones desconocidas hasta entonces.
Se trajeron columnas y mármoles de todas las tierras del Egeo, y el emperador eligió a Artemio de Tralles e Isidoro de Mileto, que eran más científicos que arquitectos.

EVOLUCIÓN:

El edificio de 537 poseía una cúpula bastante baja que se hundió en 558. Se sustituyó por otra de nervaduras más elevada, y su construcción acarreó algunos cambios, como la distribución de las ventanas, y la fachada occidental se reforzó con cuatro arbotantes que sobresalían hacia el atrio.
La parte occidental de la cúpula volvió a caerse en el S.X, finalmente la parte oriental se derrumbó en el S.XIV. Los conquistadores turcos introdujeron cambios más visibles: cuatro minaretes en las cuatro esquinas, los mosaicos interiores se cubrieron de pintura amarilla, y se colgaron medallones con versículos del Corán.

SISTEMA ESTRUCTURAL: sencillo pero audaz:

Enorme rectángulo, dentro de él, 4 pilares de Norte a Sur, en los ángulos del cuadrado, sobre los que se alzaron cuatro arcos: los del Norte y Sur, embebidos en los muros de las naves laterales, marcados al exterior por encima del tejado.
Cuatro pechinas irregulares ligan los arcos. Sobre ellos, se alza la cúpula principal, una concha gallonada por cuarenta nervios y cuarenta plementos curvos. Está reforzada en el exterior mediante cuarenta nervaduras cortas colocadas a estrechos intervalos, que intercalan ventanas.
Dos enormes semicúpulas se abren al este y oeste, y descansan en los pilares principales, y en dos pares de pilares auxiliares que flanquean el tramo de la entrada.
En cuanto a las naves laterales, el nártex y las tribunas, están cubiertas por bóvedas de arista con nervaduras en la parte baja, y cúpulas sobre pechinas en la zona de las tribunas, se apean en columnas y pilares exentos.


A este sistema abovedado, se le une el uso de las pechinas que permiten pasar de un espacio cuadrangular en planta a otro circular en alzado, consiguiendo espacios más diáfanos y complejos que los puros tambores cilíndricos romanos (Panteón). Su uso, aunque con una menor grandiosidad, pasará al repertorio de técnicas del islam y el románico que los emplearán para algunos de sus cimborrios.
            El uso de la cúpula y sus distintos refuerzos crea, además, toda una serie de ritmos curvilíneos que provocan en el ojo un movimiento constante, dinamizando así la arquitectura con un movimiento continuo de ascensión que resbala por las superficies hasta el centro de la cúpula, a partir del cual se produce uno inverso y descendente.

MATERIALES CONSTRUCTIVOS:

La construcción es simple y audaz a la vez, igual que los métodos de construcción empleados: solo los ocho pilares centrales son de sillares. Los muros son de ladrillo puestos de canto, unidos con gruesos lechos de mortero.
Las bóvedas se funden así con los muros formando elásticas masas casi homogéneas (aunque no tanto como las romanas de hormigón).

Composición espacial:
Colocado bajo la cúpula, el visitante empieza a captar el dilatado espacio, y  las formas van encajando.
Desde el eje vertical central, el espacio se extiende longitudinalmente en los enormes nichos oriental y occidental, y más allá hacia el oeste en el coro, y hacia en este en el tramo de la entrada.
El ritmo de columnatas y ventanas acompaña a la composición espacial.
Arcadas de cinco vanos flanquean la nave a cada lado, y sobre ellas van otras arcadas de siete vanos en las tribunas, sucedidas en el cuerpo de luces por siete ventanas, sobre las cuales habría  otro gran vano de 5 ventanas.
En las conchas oriental y occidental hay tres arcos en el piso bajo, que sostienen otros siete en la tribuna, seguidos a su vez por cinco ventanas que ciñen el borde de la bóveda de la concha.


 Los antecedentes de este sistema hay que encontrarlos en la arquitectura imperial romana (las cúpulas del Panteón y las grandes termas; la basílica de Majencio, con su organización de bóvedas transversales y contrafuertes en las naves laterales) y el paleocristiano oriental (con su tendencia a los espacios centralizados: baptisterio de San Simeón el Estilita,  Santa Constanza).

DECORACIÓN INTERIOR

Oscuras placas de mármol gris del pavimento, sobre las que se alzan columnas de mármol verde con grandes ventanas blancas, tanto en el piso bajo, como en las arcadas de las tribunas. En las conchas oriental y occidental: columnas de pórfido rojo.


Placas de mármol en la nave, dispuestas en tres bandas:
1- placas de mármol gris enmarcadas por placas verdes
2- placas de pórfido cercadas de azul oscuro
3- igual que la primera
Cada placa va dividida en dos, y quedan simétricas.

Capiteles: recubiertos de follaje, con hojas recortadas sobre la sombra del fondo: trépano: capitel de avispa.


Enjutas de las arquerías revestidas de un encaje de zarcillos.
Hojarasca de nácar se incrusta en mármol negro.
Oro, plata en láminas para el "Syntronon", en tres escalones, del ábside.
Lámparas de oro pendían de los intercolumnios.
Mosaicos en cúpulas, semicúpulas, bóveda e intradoses.
Las ventanas se cubrían con paneles de cristal coloreado. La luz que entraba por tanto, siempre era tamizada, oscura.
Las naves laterales y tribunas se concebían como lugares desde donde contemplar la nave central, pero ésta quedaba siempre medio escondida por pantallas de columnas. El espectador ve la nave central a fragmentos, solo a los congregadaos en ella se les permite comprender la composición espacial.

Por último, el CEREMONIAL estaba  vinculado a la exaltada posición que el pensamiento del S.VI otorgaba al clero y al emperador. Su unión bajo la cúpula de Sta.Sofía es el símbolo de la unión de la jerarquía eclesiástica y la laica: la luz y los colores emanaban del centro de la cúpula, el pueblo permanecía escondido en las sombras.
El emperador se presenta como máximo representante tanto del poder político como del religioso (era considerado como un igual de los apóstoles). Ambas realidades se unen en su persona (cesaropapismo), impregnando sus construcciones en donde los papeles religiosos se confunden y potencian, haciendo del emperador la figura intermedia entre el pueblo y la divinidad. La propia liturgia acentuaba este carácter, con procesiones solemnes por la nave central del emperador y el patriarca durante ciertos momentos de la misa – los públicos - que los fieles contemplaban tras las cortinas de columnas de las naves laterales o desde el nártex.
Con estos condicionantes, deberíamos entender a Santa Sofía como un símbolo político-religioso que pretende impresionar al fiel y convencerle del doble poder que se extiende sobre él. Esta impresión se realiza de una forma emocional, intentando asombrar y provocar un empequeñecimiento del espectador por los tamaños, los espacios y la luz que le hacen sentir una visión real del poder que se concreta en la gran cúpula que parece levitar sobre el aire, como si fuera la bóveda celeste a la que pretende representar. Todo en medio de un ambiente de luz (divino) y brillos que hablan del poder material y también del celestial, con las imágenes flotantes de los personajes celestiales sobre el muro.



Fuente: Richard Krautheimer.Arquitectura paleocristiana y bizantina. Cátedra.

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